Hoy por la mañana volví a asomar la cara por la ventana,
todo sigue tan desolado,
ni siquiera el charco de meados que dejó el último perro
se digna a reflejar mi sombra.
Ya no hay sonidos y mis manos tampoco pueden expresarse,
apenas logran torpemente rascar la poca piel que me queda,
aún no logro ni quiero conciliar el sueño,
no se lo que pueda pasar una vez que cierre los ojos.
Casi puedo sentir al diablo dibujando retratos de mi espalda
que está apunto de convertirse en una ventana al cielo,
ahí, donde dios está mirando
nomas mirando.
Ya no puedo caminar y no veo a nadie que me ayude a llegar
a dónde
no lo se
a donde sea, aunque se que no hay un lugar a donde ir
solo me queda esperar.
Hoy por la mañana volví a asomar mi cara por la ventana sin cerrar los ojos
pero en la noche no se si pueda seguir conservando la cordura
dentro de este ataúd.
No hay comentarios:
Publicar un comentario